Tengo la idea de que si un libro es bueno debe capturarte con cualquiera de sus hojas leiadas al azar. Una de esas hojas seria la pagina 69.

Pondre lo escrito solo en la página 69 de cualquier libro, de diferentes tipos y veremos si a ti, te llama, aunque sea la curiosida

Página 69 de "Abrazame" de Kathleen Keating

Contribución de Charlie Ramirez

cálido. El gobernador se levantó de la silla algo aturdido por el perfume. Se estrecharon la mano mandándose mensajes de masculinidad y testosterona. Luego presentó al Cabezón, su secretario particular y hombre de todas las confianzas. 

Lo sabemos, dijo con voz de tenor el licenciado García Diego, al tiempo que tomaba el asiento ubicado a la derecha del Cabezón.

Dígame, ¿qué se le ofrece, señor delegado?, quiso ir directo al grano el Tinín, como una estrategia de distanciamiento. García Diego se sorprendió con la urgencia. Dudó unos instantes antes de tomar la palabra. 

Bien, veo que no le gusta andarse con rodeos. A mí tampoco. Queremos a Ezequiel Ahumada. 

No le comprendo.

Sabemos de sus nexos comerciales, de su larga amistad y contamos con el testimonio de un agente de la Policía Judicial del Estado que detalla la manera en que le dan protección a sus actividades ilegales.

García Diego hizo una pausa en espera de alguna reacción del gobernador. Se percató de la más reciente edición del semanario Pulso sobre el escritorio y supo que el mensaje ya había llegado.

Mis jefes no quieren su cabeza. Sólo la del Cheque Ahumada.

¿Quiénes son sus jefes?, quiso saber el Cabezón.

Eso no importa, respondió el fiscal mientras barrí al Cabezón con un gesto de aquí huele a mierda. Si no colabora, dentro de un año, cuando pierda su fuero, lo meto al tambo, eso sin contar el infierno mediático que estamos en condiciones de crear desde ahorita. Si por el contrario, nos lo entrega, su último año al frente del gobierno irá sobre ruedas y su retiro será dorado, se lo aseguro. La elección es suya. 

dixielandfabz:

Los libros son espejos: dentro de ellos, sólo ves lo que tienes dentro de ti.

dixielandfabz:

Los libros son espejos: dentro de ellos, sólo ves lo que tienes dentro de ti.

El sentido que tiene la vida es construir momentos singulares…
Begoña Ugalde

1.

El primer amor es siempre entre hermanos.

María y José eran gemelos 

por eso se deseaban lo suficiente para concebir.

Quisieron verse resumidos en otro 

hacer un hijo de hijos 

miniatura de sus juegos con barro.

2.

No supieron qué hacer después con su reflejo encarnado.

Entonces lo fracturaron con las manos

como se rompe un castillo de arena.

3.

Decidieron recorrer senderos menos áridos que el desierto.

Su última noche inventaron con imaginación adolescente

lo de los ángeles y los arcángeles y los orgasmos sin tacto.

4. 

Una vez bifurcados los caminos

María se esforzó por simular virginidad

porque adivinó que cuando la supieran madre

nunca acabaría de sentir sobre la pelvis

el vaivén embrutecido del deseo.

5.

Al lavar pañales de tela y ropa interior

le avisaron las aguas cristalinas;

tendría que estar abierta sin interrupción

no habría diferencia para ella entre el alba y el ocaso 

ni la luz cambiante de los días nublados.

Si las personas sólo fueran responsables de lo que hacen conscientemente, los idiotas estarían de antemano libres de cualquier culpa.
Milan Kundera

acercó a Teresa y le dijo: «Ahora te sacaré fotos yo a ti. Desnúdate».

La palabra «desnúdate» la había oído Sabina muchas veces en boca de Tomás y se le había quedado grabada. Era por lo tanto una orden de Tomás que ahora le dirigía la amante de Tomás a la mujer de Tomás. El había unido a las dos mujeres con la misma frase mágica. Era sy manera de transformar inesperadamente una inocente conversación con mujeres en una situación erótica: no mediante una caricia, un contacto, un elogio o un ruego, sino con una orden que daba de repente, inesperadamente, con voz suave pero con energía y autoridad, y manteniendo la distancia física: en esos momentos nunca tocaba a la mujer. También Teresa le decía con frecuencia, exactamente en el mismo tono, «¡desnúdate!» y, aunque lo dijera con suavidad, aunque apenas lo susurrase, era una orden y ella se sentía siempre excitada al obedecerla. Ahora oía la misma palabra y el deseo de obedecer era quizás aún mayor, porque obedecer a una persona extraña es particularmente demencial, una demencia que ene ste caso resultaba aún más hermosa porque al orden no la daba un hombre sino una mujer.

Sabina cogió su cámara y Teresa se desnudó. Estaba ante Sabina desnuda y desarmada. Literalmente desarmada, es decir, sin la cámara con la que hasta hacía un momento se cubría la cara y apuntaba a Sabina como con un arma. Estaba entregada a la amante de Tomás. Aquella hermosa entrega la embriagaba. Deseaba que los instantes durante los cuales estaba desnuda ante ella, no acabaran nunca.

Creo que Sabina tambien percibió el particular encanto de la situación; la mujer de su amante estaba ante ella, curiosamente entregada y tímida. Apretó dos o tres veces el disparador y luego, como si aquel encanto le hubiera dado miedo y quisiera alejarlo de sí, se echó a reír sonoramente.

Teresa también rió y las dos mujeres se vistieron.

El vicio que ha perdido su brillo es cien veces más tedioso que la virtud que ha perdido su brillo.
Yukio Mishima

vida y en la virilidad, expresada mediante sus cejas, su frente, sus ojos, su nariz, sus orejas, sus mejillas, sus pómulos, sus labios, sus quijadas, su cogote, su cuello, su tex, el color de su piel, su fortaleza, su pecho, sus manos y otros atributos innumerables.

Con esta base puse en funcionamiento el principio de la selección y formé una completa estructura sistemática de simpatías y antipatías. Debido a Omi, soy incapaz de amar a una persona intelectual. Debido a Omi, no me atraen las personas que llevan gafas. Debido a Omi, comencé a amar a fuerza, la impresión de sangre caudalosa, la ignorancia, la rudeza en el gesto, el habla desaliñada, y la salvaje melancolía inherente a la carne totalmente incontaminada por el intelecto…

Pero, a pesar de ello, ya desde el principio, estos rudos gustos comportaban para mí una imposibilidad lógica, y a consecuencia de ella mis deseos jamás podrían convertirse en realidad. Como norma general, nada hay más logico que el impulso carnal. Pero en mi caso, en cuanto comenzaba a compartir la comprensión intelectual con una persona, mis deseos centrados en aquella persona se esfumaban. El descubrimiento del más leve rastro de intelectualidad en un compañero me obligaba a efectuar un juicio racional de valores. En una relación basada en la reciprocidad, como es la amorosa, se debe dar lo mismo que el otro exige. De ahí que el hecho de que deseara la ignorancia en un compañero exigía, aunque sólo fuera con carácter temporal, que yo me «revelara contra el razonamiento» de manera incondicional. Mas para mí semejante rebelión era absolutamente imposible.

Por eso, cuando encontraba ante aquellos seres poseedores de una carne puramente animal, sin que el intelecto la hubiera manchado en absoluto -jóvenes matones, marineros, soldados, pescadores-, nada podía hacer salvo contemplarlos desde lejos, con fría indiferencia, y teniendo

La historia es, mas o menos, una simpleza. Es tradición. No queremos tradición. Queremos vivir en el presente y la única historia que tiene algún valor es la que nosotros hacemos.
Henry Ford

considerado. Falleció este principe el 31 de marzo del año 1651. Muerto Felipe III, tomó el gobierno su hijo Felipe IV, el cual, aunque adornado de las prendas mas importantes y recomendables para el gobierno, tuvo muy adversa la fortuna; pues en cuarenta y cuatro años que reinó, siempre vio sus dominios agitados de las mas duras y crueles guerras, en las que por lo común tuvo muchas mas pérdidas que ventajas, siendo domo el complemento de todas, y la mas fatal y ruinosa para España, la desmembración del reino de Portugal. En lo mas enredado de sus contratiempos se hallaba Felipe IV, cuando le sobrevino la muerte el 17 de septiembre del año de 1663, dejando para sucederle al principe D. Carlos, hijo de Doña María de Austria, su segunda esposa.

P. Como se llamó el sucesor de Felipe IV, y qué aconteció en su tiempo?

B. Carlos segundo, Carlos el Paciente,

de la austriaca augusta, imperial genia,

el último en España, con vehemencia,

armó contra la Francia su potencia,

y el que la Francia odió con tal constancia

dejó en muerte reino a la Francia;

Solo tenia cuatro años Carlos II cuando sucedió el trono de España, edad poco á propósito para poder repararla de los males que la afligían. 

The Chingonary A Dictionary of the VERB CHINGAR USAGE

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:chingonazo/za

/cheen-gun-ASS-oh/cheen-gun-ASS-ah/

Antes de que alguien diera la orden de comenzar el linchamiento, me defendí:

- ¿Pero qué tengo que ver yo con todo esto?

- ¿Y todavía lo pregunta? -exclamó la portera-, dejaron un mensaje en su cuarto. Menos mal que no fue dentro de un ataúd, he oído que así acostumbran los mafiosos dejar sus mensajes.

- Y también ponen cianuro en las bebidas -agregó la vieja actriz.

- Eso es para liquidar traidores -le explicó la maestra-, lo sé porque mi marido, que en paz descanse, tuvo un hermano que murió así.

Mientras los huéspedes comentaban alguna característica horripilante de los mafiosos, yo subí a mi cuarto. Lo encontré totalmente desordenado; los restos de mi ropa y libros se confundían con el relleno del colchón y los muebles estaban de cabeza. Por fortuna no se habían llevado nada de valor, las fotografías de mensaje enlatado las tenían los anticientíficos, y mis documentos y dinero siempre los llevaba conmigo en una bolsa detrás del cinturón.

Después de revisar mis pertenencias y convencerme de que faltaban todos mis libros y dos toallas, encontré el famoso mensaje en el espejo del baño. Estaba escrito con pasta de dientes, decía amenazadoramente:

¡Los encontraremos!


Decidí irme ese mismo día de la pensión. Le pedí disculpa a los inquilinos por los daños y como gesto de buena voluntad les entregué todo mi dinero; no era mucho y exigieron que les diera también mis maletas y una medalla de plata que usaba desde pequeño.

Salí por la puerta lateral que comunicaba con patios de otras casas, era lo mejor, sabía que los otros estaban vigilando la entrada. Para despistarlos tomé un taxi, me subí a un autobús, luego caminé a pie, entré a un mercado y me subí a otro taxi que me llevó hasta el Instituto de Anticiencia. El viaje me costó el resto de mi dinero, pero sirvió; por lo menos nadie me había seguido.