Tengo la idea de que si un libro es bueno debe capturarte con cualquiera de sus hojas leiadas al azar. Una de esas hojas seria la pagina 69.

Pondre lo escrito solo en la página 69 de cualquier libro, de diferentes tipos y veremos si a ti, te llama, aunque sea la curiosidad.

¿Porque el 69? Originalmente seria el 65 (que sería el "numero final del destino") pero porque soy mujer y por gusto a las dualidades se queda 69. ¿Aclarado ya?
Una imagen vale mas que mil palabras.
Anonimo

15 Grandes Destinos, Gautier Languereau


La emperatriz depositó un beso sobre la mejilla del pequeño músico.

Los horrores son soportables mientras se trate sólo de sufrirlos, pero matan cuando se reflexiona sobre ellos.
Erich María Remarque

Ella sacudió la cabeza. De súbito si rostro perdió toda expresión de coraje.

“no lo suficiente, no lo suficiente. ¿Qué hare si no vienes?”

“no podrás hacer nada, ¿Tienes aun el mismo número de teléfono?

“si”.

Le acaricie los hombros.

“Helen, todo saldrá bien”

Ella asistió.

“Te acompañare hasta la iglesia de Santa María. Quiere estar segura que llegaras allí sin tropiezos.”

Caminamos en silencio. No quedaba muy lejos. Helen me dejo sin decir una palabra. La seguí con la mirada mientras cruzaba la vieja plaza del mercado a paso vivo y sin volver la cabeza.

Me quede de pie junto al portal, amparado por las sombras. A la derecha, sumido en la penumbra estaba el edificio del municipio. La claridad de la luna tan solo iluminaba los rostros pétreos de las viejas esculturas. En la escalinata que se extendía al frente había sido anunciado en 1648 el final de la guerra de los treinta años y en 1933 el comienzo del imperio de los mil años. Pensé si lograría sobrevivir hasta el día en que anunciaran allí mismo su final. Tenía pocas esperanzas.

No intente refugiarme en el interior del templo. De reprende me repugno tener que ocultarme. No pretendía tornarme imprudente, pero desde que había visto a Helen no quería ser más que un animal acuciado sin necesidad.

Seguí caminando para no atraer la atención. La ciudad que antes había sido peligrosa, conocida y extraña, empezaba a vivir. La existencia anónima de los últimos años que había sido tan solo un sobrevivir, un vegetar día tras

Pienso como un genio, escribo como un autor distinguido, hablo como un niño.
Vladimir Nabokov

bien que jamás se comportaría. A las tres de la mañana tomé un sonífero y entonces un sueño que no era una secuela, sino una parodia, me reveló, con una especie de significativa claridad, el lago que aún no había visitado: esta cubierto por una lámina de hielo esmerald, y un esquimal picado de viruela trataba en vano de romperlo con un zapapico, aunque mimosas importadas y oleandros florecían en sus orillas cubiertas de granza. Estoy seguro que la doctora Blanche Schwarzmann me habría pagado un montón de dinero por enriquecer con ese sueño erótico sus archivos. Por desgracia, el resto era francamente ecléctico. La Haze mayor y la menor corrían a caballo en torno al lago, y yo las imitaba, meciendo diestramente mi cuerpo y con las piernas arqueadas, aunque no había ningún caballo entre ellas: sólo el aire elástico. Una de esas pequeñas omisiones debidas a un despiste del agente que sueña.

Sábado.El corazón sigue saltándome en el pecho. Aún me convulsiono y emito suaves gemidos al recordar mi turbación.

Vista dorsal. Vislumbre de piel sedosa entre camiseta de manga corta y pantalones de gimnasia blancos. Inclina sobre el alféizar de una ventana, en el acto de arrancar hojas de un álamo y sosteniendo al mismo tiempo una charla torrencial con un chico, el repartidor de diarios, abajo (Kenneth Knight, sypongo), que acababa de lanzar el Ramsdale Journal al porche delantero con un golpe preciso. Empecé a deslizarme hacia ella. A reptar hacia ella, más bien. Mis brazos y piernas eran superficies convexas entre las cuales -más que sobre las cuales- avanzaba lentamente, mediante algún sistema neutro de locomoción, Humbert, la Araña Herida. Debí de tardar horas en lelgar hasta ella: creía verla por el extremo opuesto de un telescopio, y avanzaba como un paralítico, sintiendo mis miembros débiles y deformes, con férrea concentración, hacia su pequeño, pero tieso, trasero. Al fin estuve tras ella, y entonces se me ocurrió la desgraciada idea de gastarle una broma -agarrarla por la nuca y atraerla hacia mí, para encubrir mi verdadero manège-, y ella exclamó, con voz aguda y tajante: «¡Corta el rollo, cara bollo!» (¡qué grosero puede mostrase a veces mi pequeño amor!); y,

La ilusión es un calmante, creado por la brecha entre el deseo y la realidad.
Herman Wouk

Tengo que describir la escena de una obra que transcurre en Virginia y no sé amueblarla.

-¿Un escritor no debe escribir sólo acerca de lo que conoce?

-Yo conozco la verdad de cuanto sucede en mi obra. Necesito detalles externos.

-Muy bien, ¿por qué no viene usted mañana hacia el mediodía? Le daré café y podrá revolver la biblioteca. Es decir, si piensa trabajar el día de Navidad.

-He de trabajar. -Hawke pensó que si se pasaba la noche escribiendo tal como se suponía hacer sin remisión, una cita para el mediodía le dejaría poco tiempo para dormir. Pero la biblioteca de los Winter le atraía como hallazgo y la perspectiva de tomar café con la señora Winter también le resultaba subyugadora. - Iré con mucho gusto.

-Muy bien. Yo tengo que marcharme al campo a la una, de modo que podrá usted quedarse sin que nadie le moleste.

Hawke sintió de pronto como si tuviera el pecho rodeado por una mano de hierro y perciió un fuerte olor a cuero. Roberto Luzzatto, estrechándole amistosamente, le dijo a la señora Winter:

-Frieda, preséntame, por favor, a este joven de tanto talento.

La señora Winter obedeció y Luzzatto dijo:

-Estoy emocionado por todo lo que he oído acerca de su libro. Parece como una película. ¿Puedo leerlo?

-Temo que no. Me lo están editando y ahora es sólo un manuscrito.

-Iré a mirarlo en su oficina, o donde esté. No le molestaré a usted. Leo de prisa.

-Oh, Roberto -dijo la señora Winter-, espera a que esté en un tomo, como todo el mundo.

-Los tomos tardarán semanas, quizá meses. Yo esto ahora atascado en mi película rusa. Los dirigentes soviéticos encuentran cada día nuevas excusas para no hacer nada, ¿hum? Mañana puedo empezar a trabajar en un buen argumento, ¿Qué le parece a usted, señor Hawke, un acuerdo rápido, un buen acuerdo? Al contado y tanto por ciento, ¿hum? ¿Dónde puedo ver su original?

Todas las luces de la habitación se apagaron. Hubo un repentino silencio y después una barahúnda de voces interrogantes que se transformaron en gritos de satisfacción y en risas. A través de la oscuridad, rodeado por llamaradas anaranjadas y azules de coñac ardiendo que iluminaban apenas la cara del camarero que lo transportaba, apareció un inmenso puding redondo, decorado con ramas de muérdago.

-¡Hurra!¡El puding! -gritó como una chiquilla Frieda Winter.

Cojamos el fusil y la pluma.
Fran Ilich

cosas. Solamente sucede que no es muy buena onda con sus novias. Siempre tiene varias a la vez y tarde o temprano ellas lo descubre), Zoe y otros. Y yo.

Esta noche lo promete todo: sangre, sudor y lágrimas. Sólo hay un prolbema, me han elegido como chofer y no tengo licencias. Esto no parece impedir nada, simplemente contesto con todo el coolness del mundo:

- No problem. Hasta la vista, baby.

Después mi casa se aleja en el retrovisor; la vida nos espera.

¿Cómo saber en qué lios nos meteremos, a cuántos soldados atropellaremos o cuántas mujeres besaremos en el camino?

Supongo que de esto se trata la vida: de encontrar problemas y de resolverlos bien; de juntar puntuación como en los videojuegos.

En el otro carro van otros jóvenes como yo; no conozco a ninguno, pero a todos los he visto. Y hoy cantaré con ellos.

cuando una ya no parece más joven, el mundo entero sentencia despiadadamente: ¡en la juventud no tomó las precauciones cosméticas necesarias!
Elfriende Jelinek

sencillamente a cambio de nada, ni siquiera terribles desgracias; de modo que la madre de erich no sale del asombro de que de repente una tarta se presente así en su casa, a cambio de nada. muchas gracias, un saludo, pero como, ñp he dicho, la posibilidad de recibir algo regalado es de una entre un millón, el pensamiento de la madre de erich de inmediato va mucho más allá. ¿qué es lo que querrá esta chica a cambio? ¿qué (y de qué valor) poseemos nosotros para que ella pueda creer un solo segundo que nosotros estaríamos dispuestos a dar? tiene que ser algo que sea por lo menos una pizca mas valioso que la tarta; al fin y al cabo siempre se quiere recuperar algo más de lo que se ha invertido. ¿no creerá en serio que vayamos a darle algo, ni siquiera los buenos días, a cambio de nada? porque por un trozo de tarta se lleva ella a lo sumo  un trozo grasiento de carne ahumada, el magro nos lo comemos nosotros, y ella no ha dicho en ningun momento que quisiera un trozo de carne ahumada o unos cuantos huevos o un tarro de mermelada de ciruelas. ¿no se le habrá ocurrido pensar en la mermelada hecha por nosotros? en ese caso ya puede empezar a trajinar tartas hasta que se le caiga el pelo; ¡cuando pienso en el trabajo que me dio la mermelada! ¡que se coma la suya, que narices!

paula toma las riendas de su vida en sus propias manos. hasta el momento sólo cosecha incomprensión, ingratitud y recelo. a pesar de ello paula se mantiene hiperactiva. recoge las flores en cuanto éstas florecen o incluso antes. en ese caso se abren en el vaso de agua o abren en el bonito jarrón de porcelana que resguardaba en la habitación. y sólo una misma la disfruta, o una apreciada visita.

pero llega un día en que queda claro que la mermelada no puede ser. de haber sido la mermelada, paula ya habría dicho algo sobre la mermelada después del octavo pedazo de tarda. ¡no puede ser tan estúpida y trajinar diez pedazos de tarta a cambio de un tarro de mermelada, pudiendo conseguir un tarro de mermelada por ocho pedazos!

¿qué quiere paula en realidad, de que quiere tanto?